Y el tema sigue plenamente vigente. Investigaciones recientes sobre digitalización de la gestión de infraestructura muestran que tecnologías como el BIM, el Big Data, el IoT y los gemelos digitales están modificando la forma en que los proyectos se planifican, ejecutan y evalúan a lo largo de todo su ciclo de vida, permitiendo pasar de un monitoreo centrado en los datos a una gestión centrada en las decisiones.
Este podría ser el verdadero cambio de fondo. Durante mucho tiempo, la gestión de un proyecto de infraestructura pudo visualizarse de una misma forma, es decir: planificar, diseñar, construir, entregar. Hoy, la estructura se ha ampliado a un ciclo donde conviven múltiples actores, decisiones que se afectan entre sí, riesgos sociales y ambientales, y expectativas de las partes interesadas.
Cuando aumenta la complejidad de los proyectos, cobran mayor peso las capacidades de liderazgo, coordinación, gestión de partes interesadas y toma de decisiones. Ya no basta con tener la entrega como único objetivo; también hay que mapear riesgos, integrar tecnologías, alimentar constantemente la información, todo al mismo tiempo.
Entre las tecnologías más usadas para acercarnos a la información en tiempo real están BIM, gemelos digitales, IA, Big Data e IoT. Pero hablar en abstracto de "las nuevas tecnologías para gestionar proyectos" sería quedarse en la superficie.
PwC publicó a mediados de 2026 un análisis sobre lo que denomina "infraestructura nativa en IA" (AI-native infrastructure), en el que plantea que la IA agéntica puede conectar diseño, procura (procurement), riesgos y gobernanza en un ecosistema de proyecto integrado y en aprendizaje continuo. La firma es clara en un punto que vale la pena subrayar: no basta con "poner IA" sobre los procesos de siempre; se necesita repensar los datos, los modelos operativos, la gobernanza y la forma de colaborar entre los actores del proyecto.
Ese matiz es clave. La verdadera transformación no consiste solo en incorporar nuevas herramientas, sino en cambiar la manera en que tomamos decisiones y en cómo usamos esa información a nuestro favor.
Lo que la tecnología no puede reemplazar: el liderazgoAquí está, quizás, la paradoja más importante de todo este proceso: cuanto más tecnológica se vuelve la gestión de proyectos, más importante se vuelve el factor humano.La razón es sencilla. Alguien tiene que interpretar la información, tomar decisiones, negociar prioridades, gestionar conflictos, alinear equipos, entre otras funciones. Ningún modelo ni ningún algoritmo hace eso por sí solo.
McKinsey, en su investigación sobre liderazgo en los proyectos más grandes y complejos del mundo, concluye que los proyectos de gran escala exigen un conjunto particular de mentalidades y prácticas de liderazgo para poder sortear con éxito las múltiples interfaces con comunidades. La tecnología puede ayudarnos a saber qué está pasando en un proyecto. Sin embargo, todavía necesitamos líderes capaces de decidir qué hacer con esa información.
El cambio, entonces, no está únicamente en las herramientas que incorporamos, sino en la capacidad de transformar la gestión para responder a una realidad más dinámica y compleja. En los próximos años, los proyectos de infraestructura pondrán a prueba no solo nuestra capacidad técnica, sino también nuestra habilidad para integrar nuevas formas de trabajo, colaborar entre disciplinas y liderar en entornos donde la incertidumbre será parte permanente del proceso.